¿Qué es el desarrollo sostenible? En 1987 en el Informe de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, presidido por la Dra. Brundtland y por eso también conocido como Informe Brundtland, se alertaba de las consecuencias medioambientales negativas del desarrollo económico y la globalización y trataba de buscar posibles soluciones a los problemas derivados de la industrialización y el crecimiento de la población. En él se dice que es “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.
Ante el cambio climático y la creciente presión externa de las partes interesadas y los consumidores, las empresas se apresuran a alcanzar objetivos vitales de sostenibilidad. Sin embargo, estas aspiraciones tienen valor solo si se pueden medir eficazmente. La búsqueda de la sostenibilidad requiere una transformación impulsada por compromisos que deben estar arraigados en la cultura, los modelos operativos y los flujos de trabajo diarios de una empresa.
Convertirse en una empresa verdaderamente sostenible es difícil. Solo algunas de las empresas que tienen la sostenibilidad como máxima prioridad pueden alcanzar sus objetivos de sostenibilidad ambiental.
Para alcanzar el desarrollo sostenible, Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 que contiene los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una serie de metas comunes para proteger el planeta y garantizar el bienestar de todas las personas. Estas metas comunes necesitan la implicación activa de las personas, las empresas, las administraciones y los países de todo el mundo.
¿Qué se entiende por finanzas sostenibles? Este concepto recoge las tendencias para incorporar al sistema financiero (banca, aseguradoras, mercados financieros, gestión de activos, instrumentos financieros, etc.) condiciones de sostenibilidad, entendiendo por esta las formas de producción, consumo y ahorro que no pongan en peligro la capacidad de crecimiento futuro y, además, que sean consistentes con una serie de valores sociales y de buen gobierno. Esta nueva forma de enfocar las finanzas supone un cambio de cultura para el mundo financiero que, poco a poco, se está adaptando para satisfacer las demandas de un público cada vez más concienciado.
Las finanzas sostenibles han llegado para quedarse.
Actualmente, algunas empresas describen sus políticas de sostenibilidad en informes específicos para este fin o en sus informes de responsabilidad social corporativa y las grandes compañías presentan esta información mediante el estado de información no financiera (EINF) que forma parte del informe de gestión que elaboran anualmente. La divulgación de esta información contribuye a medir, supervisar y gestionar el rendimiento de las empresas y su impacto en la sociedad.
¿Pero, cual es el papel del auditor respecto a la sostenibilidad? La sostenibilidad, como hemos comentado en los párrafos anteriores, es un tema cada vez más importante para las empresas y está estrechamente relacionada con nuestra profesión, la auditoría.
¿Qué podemos aportar los auditores para lograr un futuro más sostenible?
Los auditores podemos contribuir a lograr diferentes beneficios a las empresas, y entre ellos destacamos los siguientes:
1.- La auditoría de informes de sostenibilidad puede ayudar a las empresas a identificar y mitigar riesgos ambientales, sociales y de gobernanza que pueden tener un impacto significativo en su reputación, rentabilidad y sostenibilidad a largo plazo.
2.- La auditoría de los informes de sostenibilidad puede suponer una ayuda para la obtención de liquidez en el mercado. Esto significa que, si una empresa presenta informes de sostenibilidad auditados, es más probable que los inversores confíen en la información y estén dispuestos a invertir en dicha empresa.
3.- El auditor puede contribuir a mejorar la sostenibilidad de la empresa al tener una visión global de todos los procesos de sus clientes. Durante el proceso de auditoría, el auditor puede identificar áreas donde la empresa puede mejorar su sostenibilidad y hacer recomendaciones para hacerlo.
Podemos asegurar que la auditoría contribuirá a mejorar la sostenibilidad de las empresas al identificar y mitigar riesgos ambientales, sociales y de gobernanza, mejorar la calidad de sus informes, hacer recomendaciones para mejorar la sostenibilidad y evaluar la misma en áreas específicas. Es decir, los factores ambientales, sociales y de buen gobierno son los más valorados por los inversores actuales, más allá de los resultados financieros. No se trata de una moda, sino de la nueva conducta y preocupaciones del accionariado que, apuesta por empresas comprometidas con el medio ambiente, con la sociedad y con las buenas prácticas de gobierno corporativo.
Ante esta nueva situación, el papel del auditor será clave. El requisito de verificación de la información en materia de sostenibilidad para todos los países europeos garantizará la credibilidad y confianza de la información puesta a disposición de terceros evitando prácticas de riesgo de fraude como el green washing (práctica de marketing verde destinada a crear una imagen ilusoria de responsabilidad ecológica).
Como ejemplos de financiación sostenible podríamos citar los siguientes:
- Fondos de inversión sostenibles que satisfacen la necesidad de depositar el dinero en proyectos acordes a los valores éticos. Ejemplo: la innovación, eficiencia energética y condiciones sociales.
- Bonos verdes y sociales: títulos de deuda emitidos por organizaciones cuyo destino es la financiación de proyectos socialmente responsables.
- Capital de riesgo social: consiste en invertir en compañías cuya misión es aportar soluciones a problemas sociales y medioambientales.
- Préstamos verdes: son créditos que financian proyectos para preservar el medioambiente (ejemplo: electrodomésticos más eficientes y vehículos menos contaminantes).
Podemos concluir que las compañías calificadas como sostenibles son más resilientes, y que esta menor volatilidad les permite reducir el riesgo y obtener una rentabilidad promedio superior a la del mercado.





